La pisada de huasca fue histórica. El mentado plan Septiembre se fue a las reverendas pailas. Se quedaron con los crespos hechos. Hasta San Pedro estuvo de acuerdo en aguarles la asonada.
Como siempre el gran error del reaccionario, de equivocarse hasta el tuétano con la fuerza del pueblo. Tanto mienten, tanto inventan, que terminan por creerse las mentiras y los inventos propios. Cuando vino la invasión de bahÍa Cochinos en Cuba, por parte de los mercenarios, los guanos y los vende-patria de siempre cometieron el mismo error. Se dijeron: “apenas desembarquemos, todo el pueblo de Cuba se va a levantar contra el Gobierno revolucionario y contra Fidel”. Y ocurrióxactamente todo lo contrario: todo el pueblo se levantón contra de ellos y sonaron como sapos.
El mismo error de los reaccionarios de Chile. Suponen que basta con que lo digan para que el pueblo se alce contra el Gobierno popular. Pero el pueblo, en su inmensa mayorÍa, llenó y repletó las calles de Santiago y de todas las ciudades de Chile el 4 de septiembre, demostrando que está con el Gobierno hasta las recachitas.
Como si fuera poco, después de la parada del 19, miles y miles de santiaguinos siguieron corriendo el auto descubierto en que iba Allende desde el parque O’Higgins (ex Cousiño) hasta la misma Moneda, donde otra multitud de miles y miles de personas esperaba al compañero. Nunca visto en la historia de Chile, jamás el pueblo se habÍa jugado tanto para respaldar a un primer mandatario. El presidente Allende se vio obligado a hacer uso de la palabra en los balcones de La Moneda, emocionado compendió que no era só elo un grito aquel de “¡Allende, Allende, el pueblo te defiende!”.
AllÍ mismo, en la Plaza de la Constitución, quedó sepultado el plan Septiembre. Sin la participación del pueblo es imposible acometer ninguna empresa grande, ni menos echar un Gobierno abajo. AllÍ mismo se le aconcharon los orines a los muñecos de Patria y Libertad, a los momios recalcitrantes del Partido Nacional y la Democracia Radical. AllÍ mismo se fueron de hocico los momios del Partido Demócrata Cristiano, los Frei y los Moreno, los Hamilton y los ZaldÍvar. Se terminaron los sueños tenebrosos. Barnabás Jarpa se metió a su ataúd, chupándose su propia sangre.
Un poblador, preocupado por los acontecimientos desde San Fernando, luego de conocer las noticias vino a El Guerrillero. Nos abrazó y lo más auténtico que pudo decir lo dijo, sin miedo, con esa tremenda verdad del lenguaje popular. Nos dijo, refiriéndose a los momios y su plan frustrado: “¡Cagaron en un tarro!”. Y claro, es lo justo. Los conceptos precisos. AsÍ lo dice el pueblo sin tapujos, sin santos tapados. A nosotros nos parece bien que se digan las cosas asÍ, porque asÍ son y punto.
No es cosa ahora de sentarse en los laureles. A seguir en la pelea. A movilizarse. A tomarse la calle de nuevo para que estos viejos tales por cuales del Congreso se cabreen de perjudicar a los trabajadores y acuerden los reajustes como los quiere el Gobierno, como los quiere el pueblo. Hay harto que hacer. Hagámoslo.