Chile es un paÍs de elecciones. Pienso que todos los dÍas se efectúa una por lo menos. En el centro de madres, en la junta de vecinos, en el club deportivo, en el centro juvenil, en el sindicato, siempre hay una elección. Hasta se eligen reinas de primavera, de simpatÍa, misses de aquÍ y de allá, como miss piernas, miss busto, etc.
En 1970 se enfrentaron tres grandes fuerzas en Chile. Por un lado la izquierda, reunida en la Unidad Popular con Salvador Allende; por otro lado la Democracia Cristiana, por entonces partido de Gobierno, poderoso y grande; y por el otro lado la derecha con el Partido Nacional y todos los momios habidos y por haber. La llegada fue estrecha. Las tres fuerzas demostraron que eran poderosas. Digamos que cada una era una tercera parte, un poco menos eso sÍ la DC, desgastada por un Gobierno que empezó bien y terminó mal.
Desde ese momento, desde ese 4 de septiembre en que la izquierda triunfó, debiónfrentarse a las otras dos terceras partes en cada elección que se hizo. Hubo un fenómeno sÍ, la elección de regidores. La euforia de votar por los triunfadores engañó hasta a los más avispados y se obtuvieron resultados decididamente artificiales. La polarización de las fuerzas comenzó a actuar. Definitivamente la tercera parte que era la izquierda tuvo ante sÍ una oposición que comenzó a unir estrechamente a las otras dos terceras partes.
La diferencia es muy notoria, y tenÍamos que perder todas las elecciones, se hicieran donde se hicieran. Pero junto a la polarización de fuerzas, una tercera parte comenzó a incrementarse paulatinamente. Y esa fue la izquierda, que sigue en ascenso pese a todo cuanto se diga. Ninguna elección más o menos importante después del 4 de septiembre de 1970 ha sido inferior en votos para la izquierda. En todas la izquierda va subiendo. Las dos terceras partes de la oposición se van encogiendo, y la otra tercera parte, la de la izquierda, va subiendo.
Pero no nos engañemos. Unidas las dos terceras partes todavÍa deben ganar todas las elecciones, cada vez por menos sÍ, pero todavÍa deben ganar. Es lo que ha ocurrido en los centros de estudiantes y en algunos sindicatos patronales como camioneros, taxistas, transportistas.
Ahora bien, viene marzo. La conquista del Congreso para el pueblo es fundamental. Es la gran tarea. Lo más revolucionario de hoy es luchar para ganar las elecciones. Hablando en términos reales, los allendistas deben enfrentarse solos ante los alessandristas y tomicistas unidos hasta el contre. Miradas las cifras, tenemos que perder. Pero observando cómo a través de dos años ha venido recuperándose, es posible empatar y es posible también ganar. Será la gran victoria, la victoria de los trabajadores. Pero la cosa no es chancaca. La tarea es ardua y difÍcil. Esto es hablando en cifras y en votos.