Se ha dicho que el Colchagüita, el club de nuestros amores, verdaderamente ahora se cayón el hoyo de la angustia económica. La Asociación Central de Fútbol, organismo máximo que rige los destinos del fútbol rentado chileno, ha intervenido porque las deudas económicas se han alzado mucho más allá de lo normal: el Colchagua está debiendo 150 millones de pesos y no hay plata con qué pagarlos.
Hay que agregar que otros tantos cientos de millones de pesos se deben por otros rubros. Andamos en los mismos lugares, pelándonos la cola como en los peores tiempos.
Naturalmente que esto tiene una explicación, una explicación sobre la cual hemos hablado muchas veces, de la misma manera como se predica en el desierto o se ara en el mar.
Hace un par de años dijimos a solo voce: se está cometiendo un error muy grave, se está sepultando al Colchagua, se le está enterrando de a poco. Dijimos hasta quedar roncos que el Colchagua debÍa transformarse en una gran institución, que debÍamos reforzar sus pilares de sustentación, sino finalmente iba a morir, lentamente pero iba a morir. Aquellos dirigentes pensaron otra cosa, pensaron que era más importante preocuparse exclusivamente del equipo de fútbol y no de la institución. Pasaron dos años y son muy pocos los que ahora dan un diez por el querido club de la enseña blanca.
Hubo mentalidad corta, criterio chico, visión de rana. HabÍa interés en que el Colchagua falleciera, porque si el Colchagua se transformaba en una gran institución podÍan desmerecer otros organismos que, en ese momento, querÍan levantarse con fuerza propia.
Se lo dijimos, se lo repetimos, se lo gritamos hasta el cansancio. No entendieron, no pudieron entender algunos de cabeza estrecha, no quisieron entender otros que le tenÍan temor al Colchagua.
Yo recuerdo cómo algunos dirigentes llegaron al extremo de oponerse tenazmente a que el Club realizara una campaña por radio para ayudar a los peruanos que habÍan tenido un desastre. Se opusieron porque en ese momento el Colchagua ocupaba todos los primeros planos, fueran los que fueran, con tal de proyectarse como una gran institución. Le temieron al Colchagua, y con medidas de esa especie comenzaron a sepultarlo.
Ahora esos dirigentes se fueron. Quedaron otros que só elo se sacrifican sin esperanzas. Sea como sea, hay que ayudar al Colchagua, no ha de morir. Para ello El Guerrillero está dispuesto a hacer muchas cosas, y las haremos.
Finalmente, son pesos más y pesos menos. Si se logra de nuevo el respaldo popular y no de unos cuantos tontos figurones que jugaban a dirigentes, el Colchagua volverá por sus fueros. Estamos seguros.