Hay algunos caballeros que toman el cielo con las manos cuando un deslenguado como yo escribe una palabra grosera, de mal gusto, un garabato en un periódico que puede llegar a las manos inocentes de un niño. Se irritan. Se rebelan. Y pronto se bañan en cultura. Estos caballeros cuidan la moral, las buenas costumbres, son hijos de familia, pudientes, suelen ir a misa a las once de la mañana y se introducen en una casa de tolerancia sin que nadie los vea. Es muy posible que una asilada de allÍ huya de su presencia por las proporciones repugnantes que ese mismo caballero les hace.

Saludan con garbo y a veces tienen la mala suerte de contagiar hasta con una enfermedad a la mejor de sus amigas. Pero si se trata de leer un garabato, que puede llegar a las manos de un niño, se indignan.

Vamos viendo, ¿por qué se escudan en un niño? En primer lugar, es una buena manera de impresionar como caballeros. Cuando se aproximan las navidades es muy posible que, con toda parsimonia, se deshagan de algún billete y hasta participen de una fiesta en donde se reúnan dineros para la pascua de los niños pobres.

Pero en verdad les importa un bledo el niño. Cuando saben que tantos miles de niños se mueren antes de cumplir un año por raquitismo, se encogen de hombros. Cuando los ven a pie pelado, muertos de frÍo, no se emocionan. Cuando los ven vagabundear entre las basuras, tampoco. Y lo que es peor, cuando de sus intereses se trata, no trepidan un instante en sitiarlos por el hambre sin asco, sin repugnancia, sin problema, porque para este caballero está antes que nada su bolsillo.

Se rÍen del medio litro de leche que este Gobierno popular les ha asignado, y durante veintiséis dÍas del mes de octubre hizo cuanto pudo para que ese medio litro de leche no llegara a su destino.

El mismo caballero es bien capaz de esconder y negar la venta de alimentos para guaguas sin que se le altere ni una sola arruga de la cara. Y es tan extraordinariamente contradictorio que respalda algún carro de Navidad para dárselas de buena gente y de cristiano.

Les sacan la careta públicamente y con una desfachatez, digna de Ripley, se la vuelve a colocar, no para esconder la vergüenza sino para dárselas de bueno y continuar engañando a los incautos.

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