Se pasaron de frescos los especuladores y los amantes del mercado negro. Durante los dÍas de Navidad se empecinaron en esconder los cigarrillos, siempre para lograr dos objetivos fundamentales que los animan en este sucio negocio. Primero, desprestigiar la imagen del Gobierno popular creando un desabastecimiento artificial y, segundo, para hacer un pingüe negocio a costilla de los consumidores.

Desaparecieron los cigarrillos por arte de magia y por el arte criollo del biribirloque. No se encontraban los pitillos por ninguna parte. Se esfumaron, se hicieron humo antes de ser encendidos por los angustiados fumadores. Pero aparecieron unos pajarracos que tenÍan datos fijos y que finalmente aparecÍan con una cajetilla de Lucky Strike a 25, 30, 40 y hasta E° 50 cada una.

Los que viven al tres y al cuatro no les fue quedando otra alternativa que ir guardando las colitas y tirarse a la bolsa, garroteando a los amigos e incluso hasta con aquellos que no lo eran. HabÍa que poner cara de callo.

Como se trataba de dÍas festivos, no habÍa autoridad a quien recurrir, de tal manera que en pleno diciembre los muñecos hicieron la de agosto. Se hincharon de plata, se llenaron los bolsillos, se murieron de la risa.

¡Y todavÍa existen algunos garipauchos que piensan que todo debe distribuirse por los canales habituales de distribución! Lo que estos señores no quieren entender es que esos canales sufren de arterioesclerosis, se atascan, se les endurecieron las paredes. Finalmente, son canales en desuso.

El cigarrillo es un ejemplo entre miles, porque especulan hasta con los ojales y los hoyos de los picarones.

Proponemos concretamente que el gavilán Obreque, en conjunto con el ronco Sepúlveda, estudien este problemita en forma concreta y se opte definitivamente para que la CompañÍa Chilena de Tabacos ponga un puesto de cigarrillos. Puede ser un kiosco, en el centro, y venda de una cajetilla por adulto. Naturalmente que los engañadores profesionales buscarán algún modo para inventar alguna engañifa, pero el mercado negro del cigarrillo bajará por lo menos en un cincuenta por ciento.

AsÍ se les hará difÍcil a los especuladores la tarea bendita y comenzaremos a reÍrnos también nosotros. Parados en la esquina, podremos entonces exclamar melancó elicamente a la mujer que tarda a la cita: “Fumando espero…”.

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