No nos puede extrañar que en estos momentos se estén aplicando todos los métodos que siempre ha acostumbrado a usar la derecha. Su arma principal es la mentira, la calumnia, la diatriba. Toda la vida hablaron de libertad, porque para hacer uso de la libertad habÍa que tener los medios, y como ellos siempre tuvieron la plata, tuvieron todos los medios a su alcance sin ningún problema. Entonces fueron cautos y sobrios para mentir y calumniar y se las dieron de objetivos. AquÍ la yegua madrina fue siempre El Mercurio.

Pero las cosas comenzaron a cambiar. La tortilla se fue dando vuelta. Las fuerzas populares ganaron las elecciones de 1970 y los medios han ido pasando lentamente a manos de los trabajadores: el cobre, el carbón, el salitre, la tierra, algunas fábricas importantes, los bancos, etc. La cosa ha ido cambiando.

Pese a que aún los medios publicitarios tienen una mayorÍa de la derecha, la izquierda ha comenzado a roncar con fuerzas en este sentido. Ya los trabajadores han entendido cuál es la prensa, la radio y la TV que los defiende.

Y la derecha perdió la mesura. El objetivismo se fue a la cresta, la sobriedad se fue a las pailas. Ahora la mentira y la calumnia no va envuelta en papel celofán, va pelada no más, cruda, sin envolturas de ninguna especie. Se miente y se calumnia a todo motor, con las calderas al rojo vivo. Se inventa cualquier cantidad de mentiras y se lanzan a la bruteque.

La insolencia y la prepotencia, el abuso de la libertad de expresión ha llegado a lÍmites verdaderamente increÍbles. Diarios como La Letrina, La Segunda, se esmeran en batir récords de escándalos y falsedades y le sacan hasta el último jugo a la libertad de prensa, transformándose este instrumento democrático en un arma siniestra, de imprevisibles resultados.

Jamás el libertinaje llegó a tales extremos. Jamás se han dicho tantas insolencias en contra de un Primer Mandatario y de su Gobierno.

Se miente y se calumnia en cantidades industriales. Los momios perdieron su serenidad. Perdieron esa apostura aristocrática que lucÍan con tanto garbo. Se quedaron en pelotas. Se muestran tal como son: bandidos comunes y silvestres, que son capaces de cualquier cosa con tal de seguir ganando el billete largo con que gozar de la vida, en detrimento de las mayorÍas antes siempre humildes, pero que ahora se han levantado como una ola gigantesca para arrollar con toda la podredumbre, el cinismo y la hipocresÍa de una clase dominante que se fue de espalda el loro y que ya no tiene nada que hacer en Chile que no sea pegar los últimos pataleos de bestia herida de muerte.

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