¡Cuántas veces nos criticaron por frenéticos! Nos apalearon en la calle, en el camino del fundo, nos encarcelaron, nos relegaron y nos metieron en campos de concentración. Los ricos defendÍan la Constitución PolÍtica del Estado, el orden, la legalidad, la justicia.

Y cuando salÍamos a la calle a protestar nos llamaban agitadores, terroristas y nos descargaban todo el peso de la ley y nos hacÍan pebre. Nos asesinaron en El Salvador, en Puerto Montt, en Puente Alto, en la población Cardenal Caro, en la plaza Bulnes, en Ránquil, en la Escuela Santa MarÍa de Iquique. Nos acusaban de romper con la institucionalidad del paÍs. El peso de la ley, la misma ley de ahora, nos aplastó los sesos, nos rompió los huesos y abrió generosamente los cauces de la sangre proletaria.

Hoy la tortilla se dio vuelta. Nosotros cuidamos la ley, la constitucionalidad, porque está en manos de los legÍtimos y auténticos representantes de la clase obrera. Y no ocupamos la ley para matar, asesinar, encarcelar, relegar y abrir campos de concentración.

Sin embargo, los antiguos amantes del orden, de la legalidad y de la cacha de la espada se olvidaron de todo lo que adoraron antes y hoy queman los Ídolos que antes idolatraron. Ya no le sirve la ley, ya no les sirve la Constitución, ni siquiera les sirve la cacha de la espada. Los caballeros serenos y tranquilos, amantes de la paz y el orden, se volvieron agitadores, terroristas, criminales y asesinos. En los bolsillos de sus chalecos yacen los fragmentos de la legalidad. Como no pueden estafar protegidos por la ley, ahora estafan al margen de la ley y crearon el mercado negro, y se ejercitan a diario en las prácticas de la especulación, del acaparamiento, del ocultamiento de mercaderÍas, de la negación de venta.

Los caballeros cambiaron la vara de la ley por el cuchillo, por la pistola. Como sea asesinan, con o sin la ley. Son, por lo tanto, los antipatriotas sin Dios, sin ángeles, con el demonio de sus intereses personales antes que nada.

¿Qué hacemos con los asesinos de Placilla y con la justicia que los pone en libertad? ¿Qué hacemos con los incendiarios y asaltadores de los locales de la Juventud Radical Revolucionaria y el Mapu, y con una policÍa sin medios para detenerlos?

A la luz de los hechos, las masas tendrán que decidir. Si están dispuestos a asesinarlos impunemente, tendremos el derecho a defender caras nuestras vidas. Y si no hay garantÍas de la ley chilena, haremos nuestra la ley del Talión: ojo por ojo, diente por diente.

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