Un aniversario más de la muerte del Che. Un aniversario más de la resurrección del Che, de su vivir latiendo en todo el corazón latinoamericano, de su ejemplo como una brújula en la pampa infinita o en el desierto desolado.

Un año más. Volvió otra vez la primavera a Chile y, en la punta de los álamos, sonrió a la luna melancó elica. La flor de los perales llenó de plata los potreros. Hay recuerdos que llegan como insó elitas visitas y hay otros que se viven diariamente, que se llevan en los ojos escondidos como lágrimas que aparecen de pronto cuando la vida nos remece. Hay recuerdos que rompieron el pretérito y se quedan simplemente en el corazón, en la piel, en las manos: ese es el recuerdo del Che.

AquÍ está, a nuestro lado. Llega con el primer compañero a la reunión del barrio donde se discute la especulación, el robo, el imperialismo. Se va con el último compañero o se queda a vivir el último acento de nuestra lucha cotidiana.

Cuando la fatiga invade, cuando los ojos se cierran solos, como una puerta que no quiere abrirse de nuevo. Cuando salta el enemigo desde las sombras, con su sonrisa de hielo para descargar todo el peso de su impudicia y de su maldad sobre nuestras ilusiones. Cuando fallan las fuerzas y la sangre corre lenta, arrastrándose por las venas, entonces yo te recuerdo Che. Recuerdo tu asma en la selva oscura de Bolivia, la tos que se escondión las raÍces para no despertar al enemigo. Entonces recuerdo tus pies deshechos, recuerdo tus palabras: “En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea”. Y ese recuerdo rompe los diques de las aguas turbulentas escondidas en el alma, y el cansancio se va en un galope de caballos perdidos.

Este paÍs de lluvia y nieve te recuerda. Los hombres que despiertan de la larga noche de la explotación tenebrosa te nombran, y aparecen látigos en las palabras, y hasta el rocÍo es un torrente que baja como un toro por los pétalos blancos de la rosa. Tu ejemplo despeja la neblina y abre el camino del sol embravecido.

Che Guevara, aquÍ en Chile, en nuestra patria o en nuestra provincia, tan verde en primavera como Cuba, vives más que nunca caminando tras la huella larga que escogió nuestro pueblo. Allá en Vietnam tu recuerdo es un fusil apuntado al invasor imperialista, tu recuerdo es de pó elvora, sangre y fuego, y mueres mil veces y renaces mil veces en la risa de un niño. Galopa tu caballo gaucho en la pampa argentina y en medio de Buenos Aires o Córdoba, só elo una foto tuya hace empalidecer al enemigo.

En Cuba la ternura y el grito son una sola llama en el pecho del pueblo.

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