Los momios cacarearon y siguen cacareando porque la cadena nacional de emisoras era ilegal. Entonces levantaron la consigna de que el Gobierno popular estaba cometiendo una ilegalidad que no podÍa tolerarse. Plantearon a voz en cuello, “¿cómo es posible una ilegalidad de tamaña naturaleza?”.
Y la oposición se puso legalista a más no poder, pero la oposición se contradice ruinmente, como es su costumbre. Alegan ilegalidad por la cadena nacional de emisoras, pero defiende, impulsa, financia y se juega entera hasta las últimas consecuencias por una ilegalidad que pretende nada menos que derrocar un Gobierno legÍtimamente constituido: la huelga sediciosa, fascista e inmoral de los camioneros, comerciantes y otros perlas.
¿Cómo se entiende esto? Muy sencillo: con esta cara sÍ, y con la misma cara no. Total: caras duras por donde se les mire. Pero las contradicciones son demasiado notorias, tan notorias que no solo los trabajadores se han dado cuenta del fenómeno, sino también los propios huelguistas.
Responsablemente queremos decir que tenemos serios antecedentes que un gran número de camioneros se cansaron de ser utilizados y que el Sindicato de Dueños de Camiones, al igual que los dueños de establecimientos comerciales, se están desgranando como un choclo. Muchos dueños de camiones, que só elo tienen su camioncito como su única herramienta de trabajo, han comprendido que no tienen nada que ver con aquellos dueños de camiones con varias máquinas y que son dueños a la vez de grandes empresas, como distribución de vinos, de bebidas, etc.
¿Qué tiene que ver un ripiero que tiene su camioncito solo, con ese caballero que tiene cuatro o cinco camiones y se dedica además a otra gran empresa? Por supuesto que “na’ que ver”. Creo que en 48 horas más van a tener sorpresas nuestros lectores, porque informaremos con mayores antecedentes aún el desgranamiento del choclo camionero.
El propio presidente Allende ordenó terminar con la cadena nacional de emisoras. Y se podrá decir que los sediciosos ganaron una batalla. Nuevamente tenemos el libertinaje por las radioemisoras. Pero el paro y la huelga sigue; es decir, la ilegalidad sigue, defendida a troche y moche por la oposición.
¿Es legal hacer lo imposible por echar al hambre al pueblo? ¿Es legal atentar contra la salud de mujeres, niños, ancianos y enfermos? ¿Es legal sembrar de “miguelitos” el pavimento, cuando es sabido que un vehÍculo puede darse vuelta al pinchar un neumático delantero y morir sus ocupantes? ¿Es legal tratar de derrocar a un Gobierno legÍtimamente constituido? La Constitución PolÍtica del Estado es muy clara en este sentido.
Finalmente, si creen que la mayorÍa son ellos, ¿por qué no tienen un poquito de paciencia y nos ganan las elecciones parlamentarias el 4 de marzo? ¿Qué les pasa que están tan desesperados? ¿Tienen miedo de ser definitivamente derrotados? ¿Por qué están tan nerviosos? ¿Qué les duele tanto?