El ladrón detrás del juez. Los profesores demócratacristianos han dado una feÍsima lección a sus alumnos, que indudablemente no la aprendieron ni en la Universidad ni en su Partido, sino en las aulas barnabásticas de lo más sucio de la reacción.

Firman en el Liceo de Hombres, como en otros colegios que ya hemos denunciado, el libro de clases y no las dictan. ¿Cómo se llama esto? Se llama robo. Se roba cuando a uno le pagan un trabajo y no lo realiza. Es robo aquÍ y en la quebrada del ajÍ. Además, es una inmoralidad porque hay engaño con premeditación y alevosÍa, porque se causa un daño a la gente joven y especialmente porque se es maestro o profesor y se traicionan los mejores postulados de la profesión.

Pero fundamentalmente estos profesores demócratacristianos del Liceo de Hombres, que armaron la tremenda batahola en un consejo de profesores, confunden las cosas. Si los alumnos comunistas, en un acto de arrojo, llamaron por su verdadero nombre lo que hacÍan estos profesores, publicando en su órgano noticioso El Jotoso “No hueveen”, en primer lugar, como primera cosa, tales profesores deberÍan haber sentido una tremenda vergüenza que los papeles se hubieran cambiado y quienes dictaran la lección fueran los estudiantes y no los profesores. En segundo lugar nos parece perfectamente de fariseo alarmarse porque un estudiante escribe “hueco” y no alarmarse por el no cumplimiento del deber que se está cometiendo por el robo que se perpetra, por la verdadera inmoralidad que resulta cobrar sin trabajar.

¿Desde cuándo acá un profesor exige respeto de un alumno, si no es capaz de ganárselo con su ejemplo? ¿Cómo se puede respetar a un inmoral que engaña a vista y paciencia de sus discÍpulos firmando un libro de clases sin efectuar ningún trabajo? ¿Es que un tÍtulo, de por sÍ, es merecedor de respeto? ¡Mil veces no! El respeto se gana todos los dÍas en la vida y es tan digno de respeto un carpintero que cumple cabalmente con su oficio como un ingeniero que actúa de igual manera.

El Guerrillero exige de la autoridad competente un severo y ejemplar castigo para esta sinvergüenzura, que de haber sido provocada por cualquier hijo de vecino no habrÍa tenido la gravedad que reviste habiendo sido hecha por profesores.

Lo mismo pedimos para el rector del Liceo Nocturno, que con toda patudez, propia de la mediocridad enfermiza, manda a sus alumnos para la casa. ¿Quién puso a este caballero en tal puesto? ¿Qué le habrÍa dicho a este extraño responsable de un colegio, don Neandro Schilling, si hubiera sobrevivido para ver barbaridad semejante?

¿Es un inmoral o no el que le niega a sus alumnos las clases que les corresponden? ¿o es de bárbaros que creen que la inmoralidad está sujeta exclusivamente al sexo o porque algún alumno hartado de tanta porquerÍa conjugue el nuevo verbo “hueveo”?

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