Cada vez que nosotros hacemos una denuncia —basada en la estricta realidad, con una veracidad indesmentible porque va respaldada plenamente por denuncias responsables hechas por nuestros lectores, muchas veces hechas ante autoridades competentes— nos llaman injuriadores, calumniadores, sin molestarse en averiguar si lo que hemos dicho es una calumnia o no.
Lo que ocurre en verdad es que El Guerrillero plantea denuncias en contra de algunos caballeros que se las dan de decentes, tienen auto, casa linda y que suelen ir a misa todos los domingos a la hora que les permite la farra de la noche anterior. Entonces somos injuriadores.
Si el hechor es, en cambio, un pobre diablo, nadie dice que se ha cometido una injuria. Un pobre diablo no tiene importancia. Pero cuando se demuestra que algunos caballeros son más carajetes que un pobre diablo, entonces sÍ que arman lÍo.
El almacenero que fondea la mercaderÍa alegando que tiene compromisos con “clientes”, que le quita gramos al kilo, ¿qué hacemos con él? Comete un delito grave, penado por la ley, y especialmente penado por la moral.
Ahora bien, la oposición, concretamente la audición radial de unos asentados rascas controlados por lo demócratacristianos, se permitieron injuriar, calumniar soezmente, callanescamente, premeditadamente al Intendente Guillermo Sepúlveda y al candidato a diputado Juan Codelia de ser los culpables del lanzamiento de una pobre familia de la calle Rancagua.
Pero resultó toda una gran mentira, una falsedad propia de Judas. El que lanzó fue el dueño de la casa, simpatizante demócratacristiano, lo que quedó definitivamente comprobado hasta por las propias declaraciones de las vÍctimas, todas mujeres.
El nuevo Intendente Guillermo Sepúlveda, con un criterio que aplaudimos, les paró el carro y les dio una lección que ojalá estos confundidos con la patria entienda. Les dijo: “Yo, al igual que ustedes, soy un trabajador. Vengan a conversar conmigo para que nos entendamos de trabajador a trabajador”. Y agregó: “Si ustedes estaban tan conmovidos por el lanzamiento, ¿por qué no ayudaron a la familia lanzada, como lo hizo esta Intendencia apenas supo el problema?”.
El Intendente no se querellará, pero resulta inadmisible que carajos descriteriados ocupen los medios de comunicación para lanzar las peores fechorÍas. Si se hubiesen basado en la verdad, estamos de acuerdo, pero estos caballeros que se las dan de campesinos perdieron la verdad y la vergüenza.
Pero, ¡cuidado! Esta es la primera y última vez. En la próxima les va a caer la teja en pleno hocico, para que aprendan a abrirlo como es debido.