De nuevo nos enfrentamos a la celebración de un acontecimiento que tiene profundas raÍces emocionales y de tradición en nuestro pueblo: la Navidad.

Resulta inevitable volver el corazón hacia el pretérito y recordar vivencias semi-perdidas en el camino largo del tiempo… Tal vez el recuerdo más duro sea una Nochebuena sin ternura, sin amor, sin juguetes. En el mejor de los casos reemplazar el juguete por una camisa, un par de pantalones, un objeto cualquiera como uso de vestimenta. Es decir, aquel niño que esperaba Navidad para estrenar el nuevo mameluco como único presente de su propia Navidad.

Las cosas han cambiado, no só elo para Navidad nos preocupamos del niño. Se terminaron las chivas, o estamos con el niño o simplemente no estamos. Millones de dó elares gasta el Gobierno popular para asegurar el medio litro de leche. Duplicamos y triplicamos los recursos para las Juntas de Auxilio Escolar y Becas (Junaeb), colonias escolares y guarderÍas infantiles.

En este intento se han ocupado los mayores medios y los mejores esfuerzos. Duplicar las asignaciones familiares para que en el hogar existan mayores disponibilidades de recursos para los hijos. Multiplicar las matrÍculas de enseñanza básica, creación de más escuelas, más liceos, más universidades. Y no solo para los niños de los centros urbanos, sino especialmente para los niños de las amplias zonas rurales

Enfrentar asÍ al niño es hacerlo en conciencia, con realismo, sin chivas. Pero no por ello quebrar la ilusión, la ternura, ni la imaginación de una noche mágica, buena y dulce.

Llegará el dÍa en que, superado nuestro subdesarrollo, desatemos todas las fuerzas y las energÍas de nuestro pueblo para hacer de esa Nochebuena una verdadera noche buena, en la cual no quedará ni una sola ilusión rota, la alegrÍa será como un pájaro besando las nubes últimas de la primavera.

Una Nochebuena con leche, con zapatos, con trabajo, con seguridad. Una Nochebuena sin una mañana incierta. Una noche para recordar, las noches buenas de unos pocos y las noches malas de unos muchos.

Una Nochebuena como se la merece cualquier niño del mundo, con pesebre, con juguetes. O una noche para recordar a Jesús, o una noche para recordar al Che, que finalmente dio su vida por la vida de todos los niños de la tierra.

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