Aunque tengamos la guerra de los pollos o la guerra de los economatos, aquÍ la gran guerra que hay que ganar es la guerra contra el mercado negro. La peste se ha extendido como la mala yerba. Las mil mañas y artimañas de los sinvergüenzas se han desplegado en un siniestro abanico. Los momios están en su tita. Tratándose de pillerÍas, de engañÍas, de dolos, son campeones sin impulso. Usan, como es natural, todos los medios, incluso las caravanas de vehÍculos en los cuales no faltan los comandos con walkie-talkie para ir comunicando los controles policiales. Buenos vehÍculos, con buenos neumáticos, bien aceitados por los oscuros caminos de la noche.
El gavilán Obreque no puede estar solo en esa batalla desigual con sus siete funcionarios y su locomoción fantasma. El chico, como buen comunista, no se queda en escollos más o en escollos menos. Si no tiene locomoción se la consigue. Trabaja toda una noche, duerme un rato en la mañana y de nuevo a los coscachos. ¿Cuánto durará Obreque?
Pero la batalla contra el mercado negro se está dando: ahÍ están Dirinco, Carabineros, Investigaciones. Pero no es suficiente. Dos o tres camiones con ganado al mercado negro, alguna que otra camioneta con carne despostada y punto. Pero el contrabando es mucho, pero mucho más que eso. Son muy pocos los que caen y deben caer todos.
La batalla contra el mercado negro es un deber de todos, una obligación de cada trabajador. AquÍ la CUT tiene la palabra. Cada sindicato debe tener por lo menos cinco expertos, cinco inspectores de Dirinco ad honorem. Cada centro de madres, por lo menos dos compañeras lince para el control, adiestradas especialmente por Dirinco. Cada junta de vecinos, como mÍnimo cinco fieros para el parte. Cada centro juvenil, dos firmes para golpear al contrabando y la especulación. Y vamos haciendo rotativa. Después cada organismo prepara otros tantos para ir en reemplazo de los anteriores y asÍ hasta lograr un tremendo equipo que irá turnándose cada semana o cada tres dÍas.
El sinvergüenza, el inescrupuloso, el estafador, el acaparador terminará por volverse loco porque lo vamos a cocer a partes y amonestaciones. ¡Los trabajadores tienen la palabra! Porque son ellos los que sustentan el Gobierno y porque son ellos los más perjudicados con el mercado negro.