Los incendios producidos en la zona de Marchigüe y en la zona de Chimbarongo dieron el vamos a uno de los flagelos de verano más graves en Colchagua. Una chispa de un tractor produjo un verdadero drama en la economÍa agraria de Colchagua, quemándose más de dos mil hectáreas de pastizales, pinos, arbustos naturales, trigo y hasta sacos de cemento, cientos de metros de aspilleras, madera para carbón, etc.

La prevención contra incendios no debe ser só elo una consigna: debe ser un trabajo consciente de la comunidad. No podemos permitir que se nos venga abajo la economÍa y peligren la vida de personas y de pueblos enteros, como ocurrió el domingo pasado en la localidad de Marchigüe, donde el siniestro avanzaba con una rapidez endemoniada directo hacia esa localidad, amenazando con arrasarla enteramente.

Hubo casos en que se debió batallar contra el fuego con desesperación para salvar un caserÍo donde vivÍan ochenta personas.

Hay que realizar cosas concretas. En primer lugar, no basta con las brigadas contra incendios, ni basta con los Cuerpos de Bomberos. Pese a todo el esfuerzo que despliegan los valerosos caballeros del fuego, no pueden detener un siniestro que abarca cientos y cientos de hectáreas. Es necesaria entonces la participación masiva de todos los campesinos, adiestrados convenientemente por Bomberos y brigadas forestales. Cada sindicato debe organizar una brigada para que sea adiestrada por los técnicos, y esta brigada campesina pueda adiestrar a su vez a todos los demás compañeros, incluyendo jóvenes y mujeres.

La batalla es desigual: el fuego es demasiado poderoso para restar a la tarea la valiosa participación de la mujer y los jóvenes. Pero más que nada hace falta que los propios campesinos, a nivel direccional, realicen todo un trabajo de prevención masiva entre sus compañeros, incluyendo hasta los niños de cortos años.

Un cigarrillo, un miserable fósforo, son suficientes para producir una tragedia de proporciones que puede causar pérdidas irreparables. Ante ello hay que tomar todas las medidas tendientes a evitar estos incendios.

Pero hay más. Es tanto el calor reinante que a veces los incendios se producen solos, por roce simple. Para ello hay que estar atento. Una columnita de humo debe bastar para movilizar con agilidad a todo el mundo para detener a tiempo un siniestro. Recordemos que unas chispas de un tractor produjeron el arrasamiento de más de dos mil hectáreas de pastizales. Si todo el mundo hubiera estado pendiente, de seguro el siniestro habrÍa sido atacado a tiempo.

Y digamos también que es necesario proporcionar a las brigadas forestales contra incendios el máximo de medios. Llegar a convenios con los Cuerpos de Bomberos para suministrarle todos los medios para este tipo de amagos y, especialmente, con los clubes aéreos. Hay que ganar la batalla contra el fuego.

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