Quedó presentada la querella contra los asesinos de Placilla que defiende con tanta gracia la sobrina putativa de El Mercurio, y que tiene su cueva en Bernardo O’Higgins entre Manuel RodrÍguez y Quechereguas, en San Fernando.

El compañero Palma, jefe nacional de Dirinco, es el que se querella a nombre de Dirinco contra los homicidas frustrados que agregan a su crimen infracciones infinitas, desde sobreprecio hasta el incremento del mercado negro, pasando por eliminación de carne al ser sorprendidos por Carabineros. Es decir, toda una gama increÍble de ilegalidades que El Guerrillero ha denunciado con todos sus detalles, dejando no pelotas no tan solo a los criminales, sino a sus defensores públicos, los muy nobles y honorables comerciantes que financian uno de los pasquines más malos de Chile.

Doña justicia, que en este paÍs es tuerta de un ojetillo, tendrá que establecer la pena que se da a los asesinos y a quienes atentan contra el estómago de los pobres. La debilidad de esta justicia, que tiene la balanza cargada al igual que los fenicios corruptos de esta provincia, es que a veces se ve obligada a guardar las apariencias. Es como aquellas cabronas de cabaret barato que a fin de año regalan juguetes a los niños del barrio.

Pero hemos llegado al tiempo en que también las apariencias comienzan a irse a la cresta del cerro más alto de la cordillera. ¿Quién nos iba a decir que la muy ilustre Región se iba a salir de madre para ocupar algunas palabras que ellos combatieron, con tal de defender a un par de asesinos? Nadie se habrÍa atrevido a tanto.

Los muy correctos potijuntos que conducen el lengua de vaca se han visto obligados a cambiar de lenguaje y de fraseologÍa. Nadan en aguas turbias que no conocen. Sin embargo, cuentan con un asesor, el cara de pichula de VÍctor MarÍn, un periodista venido a menos, muy conocido en su casa a la hora de almuerzo, que le dicta cátedra al viejo cañón de estufa.

Es decir, los acontecimientos les han hecho perder hasta los calzoncillos. De periódico modesto que siempre fue, pero con apariencia de progresista, se ha visto obligado a defender a todos los agitistas y gente de mala calaña de esta provincia, desde aquel que esconde el alimento para guaguas hasta aquel que asesina frÍamente. Triste fin del periódico creado por Ramón Morales. Ni siquiera La Voz de las Bolas con Agua pudo haber pedido tanto.

La querella ha sido presentada. ¿Cómo se las va a arreglar La Región cuando se le vaya el Cara de Pichula? ¿Con quién van a disparar, cuando el viejo que tienen ya se le dobló el cañón hace tiempo, en la misma medida que se le fue endureciendo la nuca?

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