Ya entramos en tierra derecha. Faltan muy pocos dÍas para la elección del 4 de marzo. Ya casi todo el mundo tiene sus lÍneas tiradas. No hay cómo perderse. No hay posibilidad de equivocarse. La cosa se ha polarizado a tal punto que “aquÍ está la derecha y aquÍ la izquierda”. No hay matices. No hay centros. No hay medias tintas.
La lista A reúne a los del Partido Nacional y Democracia Cristiana. El maridaje está hecho, oleado y sacramentado. Las nupcias han tenido larga luna de miel, y en este matrimonio espurio, detrás y delante de la puerta, quedaron muchos parientes descontentos, especialmente los numerosos hijastros de la DC que aprueban a regañadientes el amancebamiento de su mamá Democracia Cristiana con el viejo PE-ENE. Pero asÍ están las cosas. El padrastro resultó jodido y no se queda en chicas. A veces se tiran las ollas y las cacerolas por la cabeza, pero el maridaje sigue incó elume.
La lista B reúne a todos los partidos de izquierda en una unión legÍtima. Hasta el Partido Radical se sacudió las pulgas malas y las echó fuera, quedando limpio de polvo y paja. Llegan a la elección, no por una alianza despechada, sino porque juntos han decidido cambiar la vida de Chile.
Durante muchos años se nos quiso meter en la cabeza que la Democracia Cristiana era una nueva posición de izquierda. La revolución en libertad y su reforma agraria, asÍ parecÍa. No debieron pasar muchos años para que unos cuantos mangoneadores distorsionaran totalmente esta imagen. Ahora la DC y lo peor de la reacción van juntitos de la mano. Por eso no hay cómo equivocarse. La izquierda es una sola y punto.
El 4 de marzo es un buen muestreo de cómo va la cosa. Salvador Allende logró poco más del 33% de la votación del paÍs, es decir, poquito más de una tercera parte. Concretamente, si en esta elección sacamos menos del 33%, significará que en vez de marchar para adelante estamos marchando para atrás. Pero si sacamos más del 33% de la votación quedará establecido que caminamos para adelante.
Hay que tomar en cuenta algunos factores importantes. Todo Gobierno, después de dos años, se va decantando, se va moliendo, va perdiendo fuerza electoral. AsÍ ha ocurrido generalmente. Si logramos empinarnos sobre el 33% quedará establecido que este factor no corre para un Gobierno efectivamente popular como el nuestro.
Hay que trabajar duro por la lista de la Unidad Popular, por la lista de Gobierno. Hay que subir del 33% por angas o por mangas. Entre más fuerza tengamos, mayores posibilidades existen de derrotar a los que pretenden destruir a Chile.