No por pura casualidad la clase obrera, y los trabajadores en general, de este largo paÍs llamado Chile son la fuerza proletaria más consciente de Latinoamérica, tomando en cuenta los paÍses que luchan por entrar al socialismo. Ni la maquinaria infernal más bien montada del mundo pudo hacerla flaquear. Ni las insidias, ni la sedición, ni la calumnia, ni la mentira sistematizada, ni el fascismo, ni el golpismo, ni el revanchismo han logrado quebrarla.

En este muro que forma la clase obrera se han mellado los dientes y se han roto las narices todos aquellos que aún creen que es posible doblarle la mano a nuestro proceso revolucionario. El verdadero poder es el nuestro y ¡punto!

La conciencia proletaria de los chilenos tiene a todo el mundo con la boca abierta. Nadie se explica, en las naciones occidentales y en donde el capitalismo tiene hincadas profundamente sus garras, que un pueblo no se deje engañar cuando existen todos los ingredientes necesarios para meterle el dedo en la boca.

Jamás pudieron imaginar que un Gobierno popular, dispuesto a tomar el toro por las astas y poner los pies en la tierra decretando un paquete de alzas fuertemente agresivas en contra del presupuesto familiar, pudiera haber recibido un respaldo tan masivo, tan elocuente y tan significativo, y no tan solo en Santiago, Concepción y ValparaÍso, donde existe una clase obrera más desarrollada, sino que a través de todos los rincones de la patria. Es que hay conciencia y se tiene la pelÍcula clara.

Se entiende el problema. Se sabe que con las alzas se defiende el desarrollo de la producción, que se asesta un duro golpe al contrabando, al acaparamiento, a la especulación. Se comprende cómo estas alzas ya no van a perjudicar al bolsillo proletario, porque se decretan antes de los reajustes de sueldos y salarios, y se compensan en un 100% del alza del costo de la vida. Es decir, el trabajador recupera enseguida, desde el 1 de octubre, y se alivia con el bono compensatorio en septiembre: su poder adquisitivo ya no es expoliado como antes y lanzado a la miseria y el hambre.

La reacción, el imperialismo van a tener que cambiar de táctica. Ésta les falló. Se fueron de hocico. Quedaron en pelotas con sus cierres de comercio, con sus cacerolas vacÍas, con sus mentiras al kilo. Se fueron de bruces, mordieron el polvo.

Si Fidel dijo que la burguesÍa chilena era inteligente, hábil y luchadora, hay que agregar que el proletariado chileno tiene ya conciencia del proceso que vivimos y que no habrá fuerza capaz de quebrarlo o derrotarlo.

Cada dÍa, una experiencia nueva. AsÍ es nuestro proceso. Confianza. Luchemos y ¡venceremos!

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