Si otra vez viniera el paro y los sediciosos volvieran a la carga con el odio que los enceguece, motivados por los cambios profundos que se están produciendo en nuestra patria, que no vuelvan a pillarnos de sorpresa, en ropas menores, asombrados de que pretendan sitiarnos por el hambre, sin importarles un comino la vida de los enfermos, dejando a niños sin alimentos, tratando de quebrar la Constitución y la institucionalidad de la patria que, lentamente, va adquiriendo la metamorfosis que todos los trabajadores esperaban.

Cuando la lluvia arrecia en el invierno, y las goteras forman la miserable sinfonÍa de las gotas, y se mojan los muebles, la cama, y hay que colocar tarros por todas partes, lo mejor que hay que hacer es, apenas vuelva el buen tiempo, subirse arriba del tejado y tapar todos los hoyos que dejan las tejas corridas. AsÍ, para la próxima lluvia, terminarán las goteras y podremos apaciblemente sentir cómo cae de nuevo la lluvia sin que nos aflija. Es lo justo, es lo práctico, es lo criterioso, como decÍan los abuelos. El que no lo hace es un tonto.

Basados en este simple ejemplo saquemos las conclusiones del caso. Si la lluvia de la sedición produjo las goteras fascistas que pretendieron matarnos por el hambre con el paro de los “caballeros”, ¿no resulta justo, práctico y criterioso que tomemos todas las medidas para que estos hechos criminales no vuelvan a ponernos en aprietos? Hay una amenaza de que vuelvan los paros y las huelgas de los patrones. ¿Tendremos que empezar, de nuevo, a improvisar sobre la marcha las medidas para que no nos lleven al hambre? No, de ninguna manera, ¡no! Hay que seguir adelante como si estuviéramos en plena crisis, moviendo todos los instrumentos necesarios.

Es importante que este asunto lo resuelvan las masas, los trabajadores, los pobladores, las mujeres y los estudiantes. No nos podemos quedar con los brazos cruzados esperando que en cualquier momento se nos quiera llevar por la pendiente del desabastecimiento y del hambre.

Cada sindicato, cada gremio, cada centro de madres, cada junta de vecinos, cada centro juvenil, cada centro de reforma agraria, cada asentamiento, cada fundo, cada gobierno estudiantil debe analizar estos acontecimientos y exigir las mejores medidas para resolver esta amenaza.

Como primera cosa debe aceitarse el Comité de Transporte, Abastecimiento y Defensa (COTAS). Deben apretarse todos los tornillos para que todo camine bien. Los centros de madres y la CUT deben ampliar, en proyecciones reales, toda la maravillosa actividad que realizaron para defender al pueblo del hambre.

No podemos pararnos, debemos avanzar con más fuerza en este terreno. No hacerlo, si otra vez… es volver a las goteras de nuestro ejemplo.

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